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miércoles, 22 de junio de 2011

José de Ribera, "el Spagnoletto"

 

Nació el 12 de enero de 1591 en Jativa. Hijo de Simón de Ribera y Margarita Cucó. Una familia muy humilde, en la que el padre era zapatero. 
Tras un breve periodo en la infancia de permanencia en Valencia, en 1611 ya aparece documentado por primera vez en Italia, concretamente en Parma. 
Ribera sólo tiene 20 años y ya ha alcanzado un importante encargo en un centro artístico de gran prestigio como es Parma. En Roma, ciudad culpable de la aprehensión por parte del joven Spagnoletto de la influencia naturalista, realizaría una serie denominada los Cinco Sentidos. 
Desde mayo de 1613 forma parte de la Academia de San Lucas romana lo que implica un importante prestigio, y un testigo de excepción, el tratadista G. Mancini, señala que desde hacía mucho no había aparecido en Roma un pintor de mayores dotes naturales, que llegó a obtener gran fama y que sus cuadros fueron muy estimados por su resolución y colorido, a la manera de Caravaggio, pero “más tinto y más fiero”.
En Nápoles, virreinato español por aquellas fechas, entrará en el taller del caravaggista Gian Bernardo Azzolino, de origen siciliano, donde permanecerá un corto periodo de tiempo. La tradición cuenta que Ribera estaba dibujando en la calle con tal maestría que Azzolino decidió someterle a una prueba de habilidad consistente en la ejecución de una cabeza del natural. Ribera pasó la prueba con tanta facilidad que Azzolino le ofreció a su hija como esposa. 
El 10 de noviembre de 1616 se hacen las capitulaciones matrimoniales de Ribera y Caterina Azzolino, celebrándose la boda entre el 11 de noviembre y el 25 de diciembre, en la iglesia napolitana de San Marco dei Tessitori. El matrimonio tendrá cinco hijos: Antonio Simone (1627), Jacinto Tomás (1628), Margarita (1630), Anna Luisa (1631) y Francisco Antonio (1634). 
Al poco tiempo de la boda Ribera abre su taller con el que se conseguirá imponer en la capital napolitana, contando siempre con el inestimable apoyo de los virreyes, por lo que los encargos serán numerosos.
El primer encargo importante será para la colegiata de Osuna en España por orden de don Pedro Téllez Girón, duque de Osuna, destacando el famoso Calvario. El éxito obtenido motivará que los encargos aumenten, teniendo como clientes tanto a los nobles españoles e italianos como algunas iglesias napolitanas. 
Su taller se convirtió en el más prestigioso de los napolitanos y en él trabajarán un buen número de ayudantes, entre ellos Lucas Jordán, conocido como "Luca fa presto" por la rapidez con la que trabaja y la facilidad para imitar a su maestro. 
Ya firma como "Español" pero su pequeña estatura -"pequeño y corto de miembros" dice De Dominici- motivará su cariñoso apelativo: "spagnoletto". 
A fines de 1633 o principios de 1634 el conde de Monterrey realizará a Ribera un encargo fundamental en la evolución pictórica del artista. Se trata de una serie de obras para la iglesia del Convento de Agustinas recoletas de Monterrey en Salamanca entre las que destaca la Inmaculada Concepción.
Estos encargos aumentarán al recibir en 1644 la dignidad de Caballero de la Orden de Cristo de manos del papa Inocencio X. La actividad del taller de Ribera es frenética. 
Sin embargo, al año siguiente sufre una enfermedad que le obliga a abandonar temporalmente los pinceles. En el año 1647 estalla una revuelta antiespañola en Nápoles. 
La desconocida enfermedad y las dificultades económicas llevarán a Ribera a la muerte el 3 de septiembre de 1652 según aparece en el "Libri dei Difunti della Parrochia di Santa Maria della Neve". 
Fue enterrado en Mergoglino, en la iglesia de Santa María del Parto. 
A pesar de vivir fuera de España, Ribera influyó en los grandes maestros, más jóvenes del barroco español (Zurbarán, Velázquez, Murillo y Cano), y su pintura está en la raíz del realismo barroco español, un realismo que no refleja las cosas del mundo de manera fría, como un espejo, sino que aspira a ponernos en contacto con esa realidad irreducible que es el individuo y los objetos que lo rodean.


Santo Tomás

Juicio de Salomón

San Bartolomé

San Pedro y San Pablo

San Pablo

 




El gusto
El olfato

La vista


La negación de Pedro

Resurrección de Lázaro

Martirio de San Bartolomé

El Calvario
Lamentaciones sobre el cuerpo de Cristo muerto





lunes, 14 de marzo de 2011

El esplendor del Románico


San Juan
 Hasta el 15 de Mayo Fundación Mapfre. Sala Recoletos
La remodelación del MNAC, que alberga una importante colección de arte románico sirve a la Fundación Mapfre para traer a Madrid algunas de las obras maestras de este periodo.
El románico dominó en la concepción religiosa y artística de los siglos XI y XII, dos siglos marcados por el desarrollo de rutas comerciales que servían de transmisión de ideas por toda Europa. En estas rutas y en las creadas por los peregrinajes a Santiago y Jerusalén la iglesia y su patrimonio fueron claves.
‘El esplendor del románico’ recoge más de cincuenta obras provenientes de templos de aquellos años que representan las distintas técnicas y temáticas de este periodo. La muestra está dividida en cinco secciones en las que se muestran obras de pintura mural, escultura en piedra, pintura sobre tabla, escultura sobre madera y orfebrería y esmaltes.
Entre las obras expuestas destaca la presencia de ‘La lapidación de San Esteban’, importante pintura mural del año 1100 de la iglesia de San Juan de Boí, de Ribagorza en Lérida, o la talla de madera conocida como ‘Majestat Batllóm de mitad de siglo XII proveniente de Girona.
hasta el 15/05/2011 Fundación Mapfre
http://www.exposicionesmapfrearte.com/romanico/

                                  

Frontal de altar de los arcángels, mediados siglo XIII

 
majestad batllo



 
frontal Seu Urgel Apostoles

pintura Arlanza

Santa Catalina disputa y prendimiento. Catedral de la Seo de Urgell


Virgen de Gerona, 2º mitad s. XII madera policromada





Báculo de mondoñedo, Limoges, primer cuarto s. XIII


sábado, 12 de marzo de 2011

Jean-Baptiste-Siméon Chardin

(París, 1699-id., 1779) Pintor barroco francés. Su carrera profesional se inició oficialmente al ser admitido como miembro de la Real Academia de Pintura en 1728. Considerado actualmente el más importante pintor de bodegones del siglo XVIII, combinó la representación de este tema con la de escenas costumbristas. La observación tranquila en el tratamiento de los objetos lo acerca más a la pintura austera de los hermanos Le Nain que a la de sus contemporáneos, mucho más preocupados por el brillo superficial y la fastuosidad. Los personajes de sus obras, sin embargo, no son los campesinos humildes de Le Nain, sino burgueses parisinos representados con la máxima suavidad. Su época llegó a tenerlo en gran consideración e incluso Denis Diderot le dedicó críticas artísticas en las que se refería a él como al «gran mago» que tanto admiraba. Hacia el final de su vida sufrió progresivamente el rechazo de la Academia, que se concentró en la pintura de historia y fue perdiendo cualquier interés por unas obras que representaban la belleza de la realidad más inmediata.
Fuente: Biografías y Vidas.





domingo, 30 de enero de 2011

Pasión por Renoir

Limoges, Francia, 1841-Cagnes-sur-Mer, id., 1919) Pintor francés. A los tres años de edad se trasladó a París con su familia y a los trece su padre lo empleó en un taller de decoración de porcelanas para explotar su extraordinario talento como dibujante. Desempeñó varios oficios más, todos en la misma línea, antes de inscribirse en la Escuela Superior de Bellas Artes de París, en el estudio-taller de Charles Gleyre, donde trabó una amistad duradera con Claude Monet, Alfred Sisley y Fréderic Bazille. Como complemento de su formación artística visitaba con frecuencia el Museo del Louvre para copiar a sus pintores más admirados. A partir de 1863 comenzó a reunirse en el café Guerbois con los pintores que formaron más tarde el grupo de los impresionistas. Sus primeras obras (Retrato de Frédéric Bazille, Diana cazadora) son de carácter tradicional. Su primer paso hacia el impresionismo lo dio durante una estancia con Monet en los baños de La Grenouillère, donde ambos artistas pintaron cuadros en los que apuntan ya la disolución de la pincelada y de los contornos característica del impresionismo. La composición informal, la técnica abocetada y sobre todo la espontaneidad e inmediatez que caracterizan la ejecución de las obras relativas a este lugar de baños de una isla del Sena están en la base del estilo impresionista. Tras su obligada participación en la guerra franco-prusiana (1870-1871), en 1874 presentó varias obras, entre ellas El palco, en la primera exposición de los impresionistas, que suscitó críticas feroces, aunque a Renoir le valió el apoyo de Georges Charpentier, para quien realizó algunas obras (Retrato de Mme. Charpentier y sus hijos) que le abrieron las puertas del Salón. El año 1876 fue fecundo para el artista, ya que realizó tres de sus mejores creaciones, El columpio, Torso de mujer al sol y Baile en el Moulin de la Galette, en las que hace un magnífico estudio de la luz y consigue plasmar con rara maestría los reflejos del sol que se filtran por entre las sombras. Son tres cuadros en los que triunfa ya plenamente la pintura en plein air que propugnaban los impresionistas.
Durante estos años, Renoir siguió participando, aunque no con regularidad, en las exposiciones del grupo. En 1881, cuando se vio libre por primera vez de agobios económicos gracias a la adquisición sistemática de sus obras por el marchante Durand Ruel, decidió visitar Argelia (Fiesta árabe en Argel) e Italia. El contacto en este último país con las obras de los grandes maestros sumió al artista en una profunda crisis, durante la cual llegó a afirmar que no sabía «ni pintar, ni dibujar». Renunció entonces al impresionismo y se orientó hacia una pintura más lineal y de dibujo más sólido, con obras como Los paraguas, Baile en el campo y Baile en la ciudad. Sin embargo, en 1889 volvió de nuevo a su estilo impresionista, centrado ahora en el desnudo femenino plasmado con un colorido cálido en el que abundan los tonos anaranjados. La obra cumbre de esta etapa final de su vida es Las bañistas, una composición en la que las figuras se funden con la naturaleza transfiguradas por la luz y el color. Aquejado de reumatismo articular, afección que llegó a dejarlo paralítico, se refugió en Cagnes-sur-Mer, donde se mantuvo activo hasta el final de sus días y realizó, además de pinturas, algunas esculturas. Renoir, uno de los pocos impresionistas que prefirieron la figura humana al paisaje, murió siendo un artista universalmente famoso, e incluso en 1914 pudo ver cómo entraban en el Louvre algunas de las obras por él pintadas.